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La maravillosa arquitectura egipcia, parte II

Si antes expuse una introducción de la fascinante arquitectura egipcia, hoy voy a hablar de los tipos de pirámide.

Pirámide escalonada

Ya he hablado de ella anteriormente, pero no tanto como se merece. Esta pirámide constituye la primera tumba de piedra que se ha construido jamás. El arquitecto de tan majestuosa obra no es otro que Imhotep, bajo el reinado del faraón Zóser.  Los arqueólogos han podido averiguar el nombre de este pensador arquitectónico pues su nombre aparecía al pie de una de las estatuas del faraón, colocada cerca de la tumba. Esta pirámide no es solo una sucesión de (aparentemente) mastabas, sino que es más que eso. Un conjunto de edificios y patios de piedra estrechamente unidos a ciertas ceremonias funerarias dirigidas hacia el faraón del momento. El núcleo de la pirámide está formado por una estructura sólida en forma de mastaba (una gran caja rectangular) Dentro de esta caja, se encontraban bloques de piedra de origen lejano. El exterior, a su vez, estaba construido por piedra caliza fina, con origen en las canteras de Tura, aún más lejanas. En principio, la pirámide no iba a ser tan alta. La idea inicial era crear un templo funerario, pero antes de finalizar la obra, se decidió prolongar la pirámide por las fachadas oeste y norte. Pero no fue la única ampliación que sufrió esta construcción. Se completaron, además, seis peldaños y toda la estructura se cubrió con piedra caliza (de Tura) Hay una parte subterránea, en forma de pozo, bastante profundo, y daba acceso directo hacia un conjunto de pasadizos y cámaras de tamaños variados.

Las tres pirámides: Keops, Kefrén y Mikerinos (Micerinos)

Lo que tienen claro los historiadores, es que las pirámides provienen de la mencionada Pirámide Escalonada. Una perfección de aquella estructura tosca y pedregosa. La base cuadrada y ambos lados en rampa son las dos características principales de las pirámides, que lo diferencian de la Pirámide Escalonada. El método utilizado para erigir tales monumentos no es otro que la creación de un núcleo en el cual se unen diferentes capas de mamposterías, variando su altura según dónde se situaran. Todo el conjunto se sostenía sobre un cuerpo central que formaba un ángulo de 75 grados.

Los constructores de la V Dinastía no dudaron en reutilizar esta técnica que tan buenos resultados aportó. Sin embargo, la certeza de que estas tres pirámides siguieran el sistema arquitectónico mencionado no ha sido revelada aún. La tumba del faraón, normalmente, se hallaba al oeste del Nilo, por donde se ponía el sol. También es importante que estuviera situada por encima del nivel del río, para evitar posibles inundaciones, tan comunes en la época. A pesar de establecer una lejanía prudencial de la ciudad, no podían alejarse demasiado del Nilo pues las piedras se transportaban a través de barcazas desde las canteras. Cuanto más lejos estuvieran las construcciones, más se tardaría en transportar por tierra las piedras.

Después de seleccionar el terreno, se procede a su limpieza y despeje, eliminando toda la arena hasta dar con la roca viva, que conformaría los cimientos de la construcción. Tras este arduo proceso, se medía el ángulo de dicha roca, para nivelar la construcción. Para terminar, había que cerciorarse de que los cuatro puntos cardinales coincidieran a la perfección con la orientación de los cuatro lados del monumento. Eran muy cuidadosos con estos detalles. Por aquel entonces, no existía la brújula, por lo que los egipcios tuvieron que orientarse gracias al sol y la posición de las estrellas.